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lunes, 28 de octubre de 2013

Petisqueira I & II

Petisqueira
C/Churruca, 6
Petisqueira II
C/ Mejía Lequerica, 17

Metro: Tribunal (líneas 1 y 10)
Caña (no hay botellín): 1,75€ (Cruzcampo glacial)
Tapas: abundantes, variadas y grasientas...papas con chorizo y carne, guiso de patatas con patatas, trozos de pizza casera, mini-cheeseburgers, berenjenas rebozadas, papas a lo pobre, sandwichitos, tortilla de patata, revuelto de morcilla....
Menú a 12,95€. 
Especialidades: Chuletón trinchado, carabineros a la plancha, pulpo a la gallega, callos, lacón....









Siempre recordaré la primera vez que visité La Petisqueira por una anécdota que nada tiene que ver con el sitio pero que creo representativa de los tiempos que corren. Cogiendo el metro en Lucero, camino de Tribunal, se montó con nosotros una niña feucha, bajita, vulnerable... como si aparentase más años de los que realmente tuviera pero creyésemos que es al revés. Iba sola, con la mochila del cole en la espalda, despistada, captando cada movimiento del vagón o de la gente con inquietud. Hizo trasbordo, como nosotros, en Príncipe Pío para coger la línea 10 que lleva a Malasaña. Esperaba la llegada del tren cabizbaja, como si quisiera ser invisible ante el hostil trajín de personas. 

Entonces recordé como mi hermano jugaba en el pueblo cuando era pequeño, cómo iba y venía sin que nada ni nadie, aparentemente, pudiera dañarle. Y me sentí mal por vivir en un sitio en el que a los niños que andan solos se los puede llevar la mano un extraño. Casualmente se bajó en Tribunal, por un momento parecía que nos seguía como hacen los perros abandonados que corren hasta reventar detrás del primer coche que aparezca sabedores de que, aveces, el riesgo es mejor que el abandono. Alcanzada la calle, mi chica le preguntó si estaba perdida, si sabía a dónde iba... y con una leve sonrisa desvalida dijo que iba a buscar a su madre al trabajo. ¿Qué mierda de mundo estamos haciendo en el que, por necesidad, los hijos tienen que ir a recoger a los padres al curro en vez de al revés?... 

La Petisqueira es un aposento ideal para cañeadores no profesionales, para aquellos/as que se quedan atrás por miedo a los efectos incontrolables del alcohol pero que, al mismo tiempo, les avergüenza mostrar a los demás sus límites. Por cada caña (que se bebe de un trago ya que es pequeña) sacan una cantidad ingente de aperitivos, así que, la poca priba que se ingiere por ronda sumado a la compensación causada por la zampa ayudan a controlar y contrarrestar el pedo. Si eres de los que vas a tomar birra o chatos y orillas la tapa hacia el camarero, éste no es tu sitio. 

La última vez que estuve fue un viernes noche y desconocía que hubiese servicio de guardería; por eso aprovechan para bajar la calidad de la tapa a base de masazas (sandwiches, mini-burgers, pizza) que engullen veinteañeros con cráteres de acné. Entre semana el asunto está mejor: revuelto de morcilla, tortilla de patata, algún que otro guiso... aunque también son propensos a las sempiternas patatas con chorizo o chistorra que acaban como un Tango Adidas en el estómago. Otra opción son las raciones... generosas en cantidad, correctas en calidad. 

Destaca también por la limpieza, tanto del local como en la comida y en las uñas de los camareros. En los comentarios que circulan por internet hay quien lo compara con "El Tigre" de la calle Infantas... nada que ver, en la Petisqueira te puedes comer la tapa sin esperar sorpresas animadas.  Los camareros son educados sin ser estirados. Hay un portugués del atléti bastante enrollado y una camarera con gafas que tiene muchas ITV´s selladas en eso de tirar cañas.

Antes de pagar me fijo en dos chavalitos con choflas que hablan de temas académicos con una morena de labios carnosos y una trenza como la de Rapunzel. Uno de ellos viste inadvertidamente, el otro lleva una "H" de Harvard o Hogwarts en un jersey naútico comprado en el Mulaya. Intuyo que querrían cabalgarla. Que a cada palabra que sale de esa boca rosada fantasean con expectativas que, se cumplan o no, alimentan hasta la mitad de la vida. Luego llega la hiperplasia de próstata. 
Carpe diem chavales!!!!

Arnyfront78

martes, 22 de octubre de 2013

Green & More (La huerta de Tudela)

C/Prado, 15
Metro: Antón Martín (línea 1) o Sevilla (línea 2)
Especialidades: Las verduras de la huerta de Tudela (pochas, cogollos, tomate con pimientos y boquerón marinado, alcachofas, cebolletas confitadas, judias verdes, raviolis rellenos de puerro y gambas...), las carrilleras de cordero lechal, el solomillo al foie-gras, el patorrillo de cordero, la madeja, las albóndigas de lubina, las kokotxas... 
Precio: Excelente relación calidad/ precio... entre 35 y 50€ por persona.



El pasado domingo 13 de octubre (día otoñal depresivo de los de mañana perdida, periódico bajo el brazo y satisfacción por no haber naufragado la noche previa), el equipo de Tabernomaquia aterrizó, cuchara en mano, sobre los manteles de uno de los restaurantes de la zona centro que más dará que hablar en breve. La razón: simple y llanamente sus verduras. 

También sus carnes y pescados pero... vamos por partes. "Green & More", nombre apropiado para una película de Guy Ritchie pero extravagante para un restaurante de la huerta Navarra, desembarcó en Madrid, concretamente en el barrio de Las Letras, desde la ilustre Navarra para evidenciar la mierda de  verduras y legumbres que comemos en la capital. Es una gozada llevarse a la boca alcachofas, judías verdes, pochas y piparras tan sabrosas, tiernas y al dentes a la vez; guisadas en pelotas, sin abalorios, sin perder en ningún momento la perspectiva de la materia prima como solista en el plato. 

Pero al mismo tiempo no deja de ser una putada, un contraste cruel, volver al día siguiente a las berenjenas con piel de bota de trekking, a las setas que tienen playas en sus poros y acelgas con hebras con las que se podría encordar una Gibson. Es verdad que en los distritos de Salamanca, Chamberí y Chamartín puedes encontrar las frutas y verduras que exportamos a Alemania, pero claro, es probable que para poder comprar un kilo de esas refulgentes picotas del tamaño de la bolsa escrotal de un zulú tengas que vender un riñón al cártel de Sinaloa. 


Aunque los nombres de los platos sean kilométricos para satisfacer las pulsiones esnobistas de los clientes más chic, lo que hay sobre la loza sólo entiende de franqueza. Al final, "las alcachofas frescas de Tudela guisadas con jamón confitado" y las "láminas de patata confitada en aceite de codillo de jamón con borrajas", dejan regusto a huerto, a cultivo no intensivo, a las verduras que odiábamos de pequeños y que ahora tanto echamos de menos. 


De segundo llegaron las carnes... arrebatadoras pero demasiado intensas para mi gusto. Yo comí una carrillera que estuve merendando toda la tarde y Lidisinthenight unas almóndigas de venado que podrían haber mantenido en órbita a toda la misión del Apolo XIII, incluido el cohete. El resto del equipo peleó con la pluma ibérica, la carrillera con foie y una paletilla de ternansco rellena de verduras en la que sólo se apreciaba medio pimiento rojo. Sinceramente eché de menos un poco de guarnición verde que ayudase a filtrar sabores tan intensos. 

Nadie pidió la merluza de anzuelo, las kokotxas o el rodaballo salvaje pero creo que también hubieran sido elecciones acertadas.  En restaurantes como éstos en los que la materia prima juega un papel decisivo es conveniente dar cancha a las recomendaciones del camarero. Si en muchos sitios éstas suelen ir orientadas a endosar lo que se esté pudriendo en la nevera, aquí fueron convincentes y complacientes. Nuestro Cicerone fue Javi, un segoviano orgulloso de Ayllón, que nos guió con artes de recortador diestro, a través de una carta extensa, plagada de platos sugerentes. Siempre le agradeceré que nos recomendara la torrija con no sé qué... ¡tremenda, espectacular! Te lo dice un salao que normalmente pasa de los postres. 


El único "pero", como es habitual, son las cantidades. No tanto de las carnes, que estaban en su justa medida, como de los entrantes. Me habría comido una fuente de judías verdes yo sólo... uno se queda con ganas de un poco más, no todo el mundo quiere ser Keira Knightley. Si a algún que otro Navarro que yo me sé le ponen raciones así, a la hora se está comiendo dos McMenús en la Gran Vía. 

En todo caso, el asunto salió por unos cuarenta y pico euros por cabeza con dos botellas de vino, postres, cafés y pacharán incluidos. Sólo faltó la cama para echarse la siesta y fantasear  con que en un futuro, que parece cada vez más lejano, una comilona así esté al alcance de todos (menos de los banqueros... esos que coman sopas de preferentes en el gulag). 

Arnyfront78

lunes, 14 de octubre de 2013

Cervecería Ares

C/ Cuart de Poblet, 1
Botellín o caña: 1,50€ (Estrella de Galicia) Tercio: 2,20€ (Estrella de Galicia)
Tapas: a elegir entre diez opciones (hamburguesa, pincho moruno, perrito, sandwich mixto, bravas, montado de lomo, calamares, montado de bacon, alitas de pollo y jamón serrano). Todo los acompañantes tiene que pedir la misma tapa.
Especialidades: oreja a la plancha, patatas bravas, pincho moruno...
Menú del día = 9€ Menú fin de semana 12€ Menú degustación = 18€






Cada vez hay más bares en la urbe que se suman a la moda de subir el precio de la caña (incluso hasta límites execrables) para darte a elegir un aperitivo descomunal (aunque inmundo) que justifique la clavada. Desde Tabernomaquia reprobamos esta práctica deseando que la cordura vuelva a los propietarios de los bares madrileños. ¿Para qué queremos comer kilos de bazofia que no le daríamos ni a un chucho? ¿no sería mejor una consumición a precio razonable y con un aperitivo digno aunque sea escaso?...  la Cervecería Ares es el claro ejemplo de cómo hacer bien las cosas. Han adoptado el estilo de aperitivo a la carta (se puede elegir entre diez distintos), con precios competitivos (1,50€ el botellín y 2,20€ el tercio), buena cantidad y calidad proporcionada. 
 
Está claro que no es el Bulli ni lo pretende, sólo es una Cervecería de barrio sin pretensiones de estrellato que ofrece una buena relación calidad/precio dentro de lo que se puede esperar de un sitio así. No se pueden juzgar con equidistancia la cocina del Sudestada y la de una tasca periférica. A los primeros se les debe exigir lo que no se les puede pedir a los segundos. Pero sí se puede contrastar entre bares análogos. Por eso, y a pesar del desagradable olor a frito que contamina la zona de barra cuando la plancha está pleno rendimiento, es de justicia reivindicar la Cervecería Ares (junto al ya posteado "El Paseo") dentro del deprimido panorama tabernario de la zona Lucero-Paseo de Extremadura, mi barrio, plagado de bares abandonados de la mano de Dios, sumidos en la inercia de la desidia, esperando, sin hacer nada al respecto, que vuelvan los clientes que ahora se toman la cerveza en casa hastiados  de las mismas caras, las mismas aceitunas y de esos zarajos que están en el mostrador desde que la URSS era una potencia del baloncesto. 

Está situado a espaldas de la boca de metro de Laguna. Esa parada, antaño territorio comanche, desde la que se divisaban el Cerro de la Mica, las postrimerías de Cañorroto y el campito de Gallur en el que jugaban, como locales,  los equipos de gitanos  que estaban apuntados a la liguilla de fútbol del ayuntamiento. Me hubiera gustado ver jugar allí a los divos que colman la primera división... encarando las entradas homicidas  del "Babas", el "Chocolate", el "Richard" y el "Araña".  Los años han pasado y de todos aquellos vertederos y poblados chabolistas sólo quedan parques sintéticos, un enorme cubo de Rubik  en el que han metido como realojados a lo mejor de cada casa y un huevón dominicano adherido a la manguera del surtidor de combustible de la calle Alhambra que, seguramente inmerso en sueños de nalgas color canela, presencia alguna que otra persecución policial con la absoluta indiferencia de un caribeño al que le importa un carajo los business que se traen entre manos los tanos y los payos. 


Mención especial requiere el jardín de Pepe. A escasos metros del bar, oculto tras los setos que delimitan las zonas ajardinadas de la colonia se encuentra este simpático recoveco que ha sido ocupado por todos los juguetes de nuestra infancia. Peluches ahorcados, barbies ultrajadas, troncos reinventados en avestruces fumadas, un descomunal piolín ataviado de Maharash de Kapurthala e incluso el retablo totémico de un gran jefe indio... conviven hermanados por la condición de ser deshechos de niños caprichosos o de adultos sin memoria. Para ellos, para los niños del barrio y para todos los demás que queramos parar y observar, Pepe cuida este insólito santuario que no deja de ser una metáfora sobre la hermosa utilidad de lo prescindible:

"No te pido que me ayudes, a los niños les gusta verlos. Respétalos... Gracias. Pepe"... reza un cartel sujetado por un madelman venido a menos...
Gracias a ti, Pepe. Y gracias a los pechos de las chicas de Lucero!!!



Arnyfront78

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Madrid, Madrid
Vuelve la afamada fórmula de alcohoy y literatura como guía chusca del Madrid contemporáneo