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jueves, 1 de agosto de 2013

Gambrinitus y La Zureña: dos taiwaneses chulapos

Gambrinitus:
Juan de Olías, 28
Metro: Estrecho (línea 1)
Copa de cerveza: 2,20€(Cruzcampo). Cubo con cinco botellines: 3€ (Cruzcampo)
Tapas: ensaladilla rusa, canapeses, ensalada campera... al pedir la copa de cerveza (informacion extraida del blog "Madrid desde la barra")
Raciones: con el cubo de botellines tienes una ración a elegir por 1€ más (bravas, ensaladilla rusa, chopitos, pescaito frito...)



La Zureña:
Juán de Olías, 39
Metro: Estrecho (línea 1)
Botellín y caña: 1€ (Mahou). Cubo con cinco botellines: 3€ (Mahou)
Tapas: Nada
Especialidades: raciones por 6€ (tortilla de patata, morcilla, alitas, cazón en adobo, pulpo a la gallega, gambas...) y megatostas por 6€ (gambas con gulas, huevos rotos con ibérico, atún con pimientos....)




No suelo recomendar ni dejar de recomendar ir a los bares de los que hablo, aunque parezca lo contrario ( by yourself...); pero sí os voy a sugerir que os paséis por la retrospectiva que la Fundación Mapfre ha organizado con parte de la obra de Emmet Gowin (hasta el 1 de septiembre). A partir de la histórica exposición dedicada a Walker Evans en enero de 2009, la sala Azca se ha volcado en los trabajos de algunos de los grandes fotógrafos de la historia (Evans, Imogen Cunnigham, Álvarez Bravo, John Gutmann, Eugéne Atget, Lewis Hine...) que, naturalmente, han pasado desapercibidos entre la excesiva (por diarreica) oferta cultural de la capital. No obstante, es de agradecer poder ver fotografías tan buenas con el respetuoso silencio que merecen. Los hatos que visitan las expos temporales del Prado, Reina Sofía, Caixaforum y algunas de las sedes de PhotoEspaña no han llegado aún a Azca. Se pierden en el camino entre happenings, coloquios y performances... admirando mierdas que se alejan del verdadero sentido del arte: la reflexión. La cuota cultureta deviene en un acontecimiento semanal obligatorio para parte de la ajetreada, deshonesta y moribunda vida social madrileña.

Desde luego que Emmet Gowin habría pasado completamente de tanto pedorro impostado. Su obra, no es sino un nítido tratado de geografía física y humana. Los campos de riego del medio oeste americano, la tierra erosionada a causa de pruebas nucleares y las ciudades asoladas por el peso de la historia son fotografiados con la misma naturalidad lírica que las curvas y arrugas imperfectamente bellas de su mujer: Edith. 
Dicho esto... vamos a lo que vamos:
Como no podía ser de otra forma, al salir de la exposición había que tomarse unas cervezas. Dado que beberse un litro en las inmediaciones de General Perón es como hacer un pícnic en un centro de reciclaje, decidimos atracar en algún bar de la zona. Entonces recordé que los fenómenos de Madrid desde la Barra (exploradores de primera a la hora de encontrar bares peculiares) mencionaban que en la calle Juan de Olías hay dos garitos (uno enfrente del otro) que han utilizado el nombre de dos famosas franquicias cerveceras para hacer un chiste digno de Paco Gandía. Al primero que fuimos es el Gambrinitus. 

Huelga decir de qué cadena han tuneado el nombre. Ya sabéis... de esa misma que sirve la peor cerveza que se hace en el territorio nacional (Cruzcampo) y que tienen la jeta de confundir a la gente con una placa que dice que se fundó en 1997 (como si hubiera sido hace tres siglos). En el Gambrinitus también ponen botijos de Cruzcampo (qué se le va a hacer), pero al menos no intentan recrear, de forma artificial, el ambiente de las cervecerías de antaño. Se trata de un bareto normal, limpio, alarmantemente nuevo o acicalado al que probablemente no habríamos entrado si no es por la oferta de 5x3 que publicitan. Además, uno de los camareros está en la puerta para recordarte que puedes entrar. Pedimos el citado cubo de botellines y una ración de pescaíto frito (también podías elegir bravas, chopitos, etc...) por un euro más. Ni qué decir que las he comido mejores, pero por 4€ todo, lo único que podía esperar es no pasar la noche en urgencias.


Según bajaba el alcohol descubrimos elementos inauditos como una silla negra al lado de un foco que podría ser utilizada para realizar interrogatorios y un panel de luces cambiantes que supusimos que estaba coordinado con el microhondas en donde nos recalentaban el pescado. Al final, acabamos haciendo guerras de cabezas de pescadillas.


No tuvimos más que pagar, salir y cruzar la calle para encontrarnos ante una fachada indescriptible... mezcla de restaurante Tex-Mex de la A-2 y taberna marinera de quinta línea de playa. La Zureña (con Z) tiene un recibimiento con barriles marcados por símbolos nazis (supongo que no habrán sido los dueños) en el que se podría haber rodado una secuencia de "Cometieron dos errores". El interior, dominado por un intenso azul pastel iluminado de foma cegadora, puede llegar a desorientar si vienes de una noche cerrada. Una enorme pizarra informa claramente de los precios de bebidas, raciones y tostazos (una especie de brazos de gitano salados a los que le echan huevos rotos por encima). 

Nosotros pedimos otro cubo de cinco botellines también a 3€ (se ve que una competencia tan cercana no deja subir los precios a ninguno de los dos hasta que se pongan de acuerdo), sólo que aquí no hay oferta de raciones por un euro más (están a 6€ y las bravas a 3€). Destacar que las copas (de nacional) están a 3€ y que, de vez en cuando, hacen "zorteazos" de tarjetas regalo del H&M (¡asombroso!).  

 
De los camareros (negocio familiar), destacar el polo malva del que nos atendió. En lugar de tener bordado un cocodrilo, un jugador de Polo a caballo o una corona de laurel, tenía una especie de sirena de enormes dimensiones que, perfectamente, podría pasar por el uniforme de un club de alterne.

 Unas escaleras elevadas nos condujeron dos pisos más arriba a la terraza, un rincón único, merecedor de ser conocido. Allí la gente del barrio apura las densas noches de verano rodeados de antenas de televisión, salidas de humo y amianto. La mayoría, probablemente de vacaciones, no se mueven hasta que apagan las luces bien entrada la madrugada. 
La última gota en el gaznate marca la hora de bajar la escalera como vedettes borrachas y pagar (porque es de ley en sitios así) un cubo del que sólo se acordaba el subconsciente...
Gambrinitus y La Zureña... o el top-manta de las cervecerías madrileñas.

Arnyfront78 


lunes, 22 de abril de 2013

Las Jarritas



C/ Orense, 39 
Metro: Puto Bernabeu (línea 10)
Cierra el domingo
Cañas: 1,60€ (Mahou)
Tapas: Croquetas congeladas (por dos veces), empanadillitas congeladas, patatas con pomada (alioli), alitas de pollo, papas con colesterol...
Especialidad: el ruido



Que las jarritas que se beben los muchachos de las oficinas de la calle Orense y alrededores no son una, ni dos, ni tres... queda contrastado visitando los bares de AZCA, Avenida del Brasil, Capitan Haya y sobre todo Orense a partir de las 20 hrs. El que reúne mayor número de afterworkers, esos compositores de horas extras punibles en casa, es "Las jarritas". Cualquier día laborable puedes encontrar recuas histéricas vestidas de Emidio Tucci que intentan retrasar lo máximo posible la vuelta a casa. Esta masa supone aproximadamente el 50% de la población oficinesca de Madrid. El otro 50% es adicto al gimnasio.
 
A groso modo y, por supuesto, equivocándome, los afterworkers se dividen en las siguientes categorías:

1. Los amateurs que se ven impelidos, por estúpidos convencionalismos, a beber con la gente a la que rebanarían la traquea, con el fin de integrarse en el sanedrín laboral. Estos se mojan los labios y miran el reloj constantemente con la esperanza de que otro rompa el hielo yéndose a casa primero.

2. Los que fueron novatos que, con la fuerza de la costumbre, le han cogido gusto al asunto y tutean al director general a partir de la cuarta ronda. Son adúlteros potenciales (sólo en potencia porque no suelen pillar nada) y chismosos de departamento. Saben ristras de chistes a cada cual más desagradable e inoportuno. Los domingos vegetan con la parienta con la cabeza puesta en la juerga del lunes. No pueden frenar la alopecia causada por el estrés.


3. Los "Gordon Gekkos"... suelen ser directivos y representantes. Van a gin tonic bar´s o putis para evitar mezclarse con sus subordinados. Han pasado por todas las fases previas. Aunque tengan mujer, hijo y perro nadie les espera en casa. Cenan bourbon y doritos mientras buscan bukkakes en internet. 
"Si quieres un amigo cómprate un perro" es su lema.
También hay gente que sólo quiere tomarse algo después de un duro día de trabajo. Supongo que son la mayoría.

Es desconcertante que "Las Jarritas" esté tan lleno. Lo achaco a que es el único de la zona que tiene pinta de bar guarro, no de decorado de Cuéntame o de escaparate de Paul & Shark. A los pijos ( o a los que quieren serlo) no hay nada que les ponga más que darse un garbeo, sin salir de su zona segura, por allí donde asemeje a los bajos fondos. Es una especie de aventura controlada, parecida a la que viven quienes van a un resort en el Caribe protegidos por las balas del ejército local, bajo el influjo de un esnobismo deshonesto al que no pueden dejar de atraerle las amenazantes pollas proletarias. En Las Jarritas no hay pollas proletarias per se, sólo pollitas que quieren medrar en un mundo forjado en ansiedades y espejismos. 

La cruda realidad es que es un bar mediocre con cañitas a 1,60€, que repiten aperitivo (nos pusieron dos veces croquetas congeladas) y que nos sirvieron unas aliolis con la patata hecha puré y la mahonesa ácida. Quizá lo mejor del local sean, paradojicamente, los camareros. Digo paradojicamente porque, aunque nos sirvieran esas tapas de mierda, me cayeron bien. Son currelas de tomo y lomo que bregan como pueden a una clientela convulsa. Mi compadre el Lolo intentaba seguir el ritmo de botijos que llevaban pero siempre estaba 2 o 3 cañas sobre par. Habría necesitado un eagle para igualarles. 
 

Lo peor... una planta sintética que hay de camino al baño de la que parece fueran a surgir los alienígenas de Cocoon, y constatar como, al margen de las conversaciones de trabajo y padel que confieren una cadencia uniforme y tediosa al bar, la gente no tiene mucho más que decirse.
Al mismísimo Don Draper se le revolverían las tripas al ver lo barata que se vende la ambición en Madrid.


Arnyfront78

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Madrid, Madrid
Vuelve la afamada fórmula de alcohoy y literatura como guía chusca del Madrid contemporáneo