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viernes, 30 de agosto de 2013

La Gran Pulpería

Plaza de España, 1 (Pozuelo de Alarcón)
Especialidades: Pulpo, empanadas (lomo, bonito, bacalao con pasas o berberechos), mejillones (al vapor o en salsa), vieiras, berberechos, zamburiñas, croquetas (lacón, bacalao o centollo), bacalao a la gallega, lomo de aldea, chuletón de buey gallego, raxo do burgo, pimientos del padrón...




Si una noche incandescente de agosto te invitan a pulpo, zamburiñas, mejillones... todo bien regado  con cerveza, de postre una tarta de chocolate con helado y encima quien apoquina sale entusiasmado por haber pagado 60€, no seré yo quien ponga un sólo "pero".
 
El pulpo que hacen en "La gran pulpería" es bueno. Aunque parezca una obviedad, no lo es tanto. España está llena de pulperías en las que lo mejor que tienen es el salchichón. He comido desde chicles con sabor a sepia hasta patitas duras como pedernales. El de aquí estaba en su punto. Eso sí, escasito, no más de 12 trocitos muy bien distribuidos por el plato. Cubriendo lo máximo posible los espacios níveos del fondo; como hacían las madres de posguerra con los veinte garbanzos que había en cada plato... una estrategia psicológica para paliar el hambre o, como en este caso, una argucia para escatimar en pulpo. Lo pedimos braseado... sabía a ascuas. Y venía cimentado por puré de patata y pimentón ahumado de la Vera. Una grata sorpresa para el paladar. 
 
Luego llegaron las zamburiñas, esos bibalvos tan carnosos y henchidos que no pueden dejar de evocarme (mente enferma la mía) a enormes y majestuosos clitoris al borde de un orgasmo sublime e irreal. Ocho zamburiñas que supieron a poco y que precedieron a un orinal lleno de mejillones al vapor tan tiernos como chiquitos. Cuando los finiquitamos me dediqué a absorber el caldo con las conchas. Los de al lado me miraban con la misma condescendencia despectiva con la que se mira a dos muertos de hambre pringando pan en un huevo frito. ¡Ahí iba a dejar ese jugo tan rico!
 
Y es que este restaurante situado junto a una franja ajardinada de la avenida Juan Pablo II de Pozuelo de Alarcón tiene ese abolengo entre bucólico y clasista de los mejores merenderos de Alabama en los que de pitanza podrías esperar desde pollo frito con guisantes, pan de maiz y zarzaparrilla hasta asado de negro al estilo cajún. Los camareros son profesionales de manual... con voz engolada y afectación en las formas, sabedores de que no pueden mantener el puesto de trabajo si, simplemente, relajan los hombros y miran a los clientes a los ojos. Pero nos trataron bien, haciéndonos recomendaciones de las que no hicimos ni puto caso pero que son de agradecer. De aperitivo, mientras leíamos la carta, asesinaron un chorizo (literalmente) que picaba lo suficiente como para pedir unas cuantas jarras de cerveza más. 
 
Y así pasamos un par de horas, hablando de esto y de aquello,  rodeados de señores y señoras estupendos, ataviados con ropa de sport clásica, sin alardes ni ostentaciones, con incluso algún que otro detalle (unas chanclas, un bolso viejo, un movil arcaico) que denote el apego a las cosas, la incondicional adhesión a una forma de vida basada en el orden, el sacrificio, la austeridad (a ratos) y la tradición. Eso sí, algún que otro Patek Philippe pagado por la empresa en la muñeca del patriarca y muchos flequillos de yorkshires en chavales, un poco apollardados, que no saben si hacer caso a papá y estudiar en verano para recuperar las asignaturas de empresariales que han suspendido o, como Tom Cruise en Risky Business, aprovechar que la family está fuera en agosto para hacer del acogedor hogar una casa de putas, juego y drogas. 
 
En resumen, un gallego con buenos productos y precios aceptables en el corazón de un enorme gueto de avenidas perfectas y urbanizaciones aisladas. Casas blindadas para proteger plasmas, cuberterías, un Miró de vez en cuando y perros enanos de mierda que aveces trabajan a destajo sobre superficies vellosas. Pero es que la alternativa sería convivir con la chusma, ¿no?....

Arnyfront78

miércoles, 21 de agosto de 2013

La Soberbia

C/ Espoz y Mina, 1
Metro: Sol (líneas 1,2 y 3)
Caña (no hay botellín): 1,10. Tienen jarrotes de sangría. 
Tapa: morcilla ibérica, chorizo, jamón serrano (no ibérico), chistorra, paella...
Especialidades: tostas calientes, papas meneadas, salmorejo, tortilla, almóndigas...  


Que la soberbia es uno de los siete pecados capitales se encargan de remarcarlo las camisetas que los camareros de esta moderna taberna avejentada tienen que llevar con sonrisa ensayada. Debe ser frustrante tener que sonreír así a la gente (como si tuvieras una ojiva nuclear en el esfínter), cuando a veces querrías cagarte (literalmente) encima de algún que otro cliente borde. 

Creo que lo que la mayoría pedimos del servicio de un bar es eficacia y sutil amabilidad, no servilismo histriónico. En La Soberbia los chavales que curran allí (que suelen ser bien majetes) tienen que saludar uno a uno (estén en la barra o en el váter) al entrar o salir el cliente. No creo que la amabilidad deba imponerse. Como dice el refrán: "cortesía de palabra... o conquista o empalaga". 

Hay quien dice, por la red, que es un local para guiris... ¡vaya perogrullada!, ¡como si los responsables de un bar que está a 50 metros de la Puerta del Sol no fuesen a hacer todo lo posible para que los extranjeros entren a dejarse la panoja cuando son quienes gastan más y no distinguen entre una paella y el "Tonus Complet de Purina"! La calle Espoz y Mina y sus aledaños están llenos de bares para guiris. Y me parece bien que sableen a esos putos anglosajones que vienen a hacer balconing, a romper retrovisores y a ostentar de dinero en un país donde, día a día, se incrementa el número de usuarios de comedores sociales. 

Pero La Soberbia, en particular, tiene un espectro más amplio que el resto de xenódromos de la zona y acoge, indistintamente, a forasteros que quieren cenar a las 4 de la tarde y a payos en busca de agua de fuego. Es buen sitio para tomarse unas cañas (cuando no hay mucha gente), a pesar de su paella radiactiva, de una sangría que parece Tang y de todos los tópicos que irritan a quienes van de puretas en eso de cañear pero serían incapaces de entrar en más de un bar de mi barrio. La caña está barata (1,10€) y de aperitivo suelen poner pan tostado con aceite y algún curado (morcilla, chorizo, jamón...) de inusual calidad para una cerveza que está a ese precio. La decoración es confusa, recargada, con elementos inconexos y colores ácidos, mezclando el costumbrismo postizo de "Amar en tiempos revueltos" con el sci-fi cutre de los Marco Aldany. 

Pero más inquietante es, sin duda, la zona del retrete. Hay un pasillo rojo, ensangrentado, que recuerda esa trágica e insoportable escena de Irreversible (la película de Gaspar Noe) en la que la hermosa efigie de Mónica Belucci es reventada por el cruel azar en forma de violador sin escrúpulos. Atravesar o no un pasadizo de madrugada puede cambiar una vida. Terrible secuencia. 
No sé si es por la torpe elección musical, por el incesante run-run de los camareros diciendo "¡HOLA! y ¡ADIOS!",  por el tamaño de las cervezas (mininas) o porque intuyo que un festín incontrolado de cañas y raciones me va a decepcionar, pero suelo enfilar la puerta tras la segunda ronda con el convencimiento de que hay sitios en los que, por mucho que se esfuercen, tendrían que obsequiarme con una orgía de colombianas sin depilar para ganarse mi corazón. 

Sin identidad no hay alma. Quizá sólo es cuestión de tiempo. Mientras tanto... La Soberbia sigue en busca de su pecado (aunque sea venial).

Arnyfront78

miércoles, 14 de agosto de 2013

Cervecería Sierra

C/ Galileo 41
Metro: San Bernardo (líneas 2 y 4)
No hay botellín ni caña, sólo dobles de Amstel a 2,40€
Tapas: Patatas bravas con mahonesa, croquetas y empanadillas congeladas, alitas, mini-bugers, sandwiches, tortilla, canapés de embutido...
Especialidades: ninguna
Tiene terraza con los coches pegados. Si te aburres puede acariciar la matrícula mientras te tomas la cerveza.



Ser universitario de provincias en Madrid  era jodido en mi época: piso franco compartido con dos o tres energúmenos, dilatar la carrera lo máximo posible, pedir a papá que metiera más pasta en la cuenta porque la ciudad era muy cara, bragas olvidadas en las lámparas, pelusas que parecían los espinos que cruzaban los desiertos en los western, botellones caseros que acababan en incendio, prostitutas que se quedaban a cenar pizza...  el cotarro no ha debido  cambiar mucho, pero  supongo que con la crisis habrá aumentado la presión paternal sobre la laxitud académica y mermado el presupuesto de los pichulines para priba, telefonía móvil, fotocopias ilegales, porros y salchichas del Dia. 

Aun así es habitual toparse con auténticos batallones universitarios tomando cañas por la zona de Argüelles y Metropolitano, allí donde el aperitivo sea más aberrante. Me resisto a creer que, de los 18 a los 30 años con los que algunos acaban la carrera, se carezca de paladar, pero la evidencia es palmaria. Los bares con las tapas más grasientas, monstruosas, sucias y deformes triunfan entre este segmento de población que sólo piensa en comer y follar a lo grande por dos duros. Bares como la Cervecería Sierra, que despliega toda la gama de típicos aperitivos de freidora propios de tugurios que ofrecen ingentes cantidades de comida barata para justificar el incremento de la cerveza, es un ejemplo de como puede degenerar en zafio este bello deporte de alternar. La finalidad es, sin duda, aumentar el margen de beneficios (muy loable dado que no es una ONG), a costa de las malas digestiones ajenas. 

Ni siquiera hay opción de pedirse una caña y que te pongan unas olivas; por huevos te tienes que pedir una doble que ni siquiera llega al volumen de una lata, que cuesta 2,40€ y presenciar ese despliegue de fritos, masas, salsas y rebozados de saldo tan recurrentes cuando no se quiere cuidar a la clientela. La fórmula: "os pongo una caña más cara y así coméis como cerdos" nunca me ha convencido. Me parece tramposa y grosera. Siempre estaré con los bares que hacen de la carencia virtud y se esfuerzan por elaborar aperitivos sencillos y económicos con un toque de cariño y salero.  El único salero que tienen en la Cervecería Sierra está junto a la pimienta. 
 
A pesar de la rapidez y diligencia para poner cañas sirven a los parroquianos con un empaque severo, por momentos despectivo. Es verdad que tener el garito infectado de chavales puede llegar a embotar. Pues si es así, cambia la política del bar o dedícate a trabajos misántropos como ensobrar cartas desde casa o vender droga, pero no muerdas las manos que te dan de comer aunque los cerebros que controlan esas manos acepten cierto grado de menosprecio con tal de zamparse unas mini-burgers. A según que edades la dignidad se está echando la siesta.

Arnyfront78

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Madrid, Madrid
Vuelve la afamada fórmula de alcohoy y literatura como guía chusca del Madrid contemporáneo