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miércoles, 14 de agosto de 2013

Cervecería Sierra

C/ Galileo 41
Metro: San Bernardo (líneas 2 y 4)
No hay botellín ni caña, sólo dobles de Amstel a 2,40€
Tapas: Patatas bravas con mahonesa, croquetas y empanadillas congeladas, alitas, mini-bugers, sandwiches, tortilla, canapés de embutido...
Especialidades: ninguna
Tiene terraza con los coches pegados. Si te aburres puede acariciar la matrícula mientras te tomas la cerveza.



Ser universitario de provincias en Madrid  era jodido en mi época: piso franco compartido con dos o tres energúmenos, dilatar la carrera lo máximo posible, pedir a papá que metiera más pasta en la cuenta porque la ciudad era muy cara, bragas olvidadas en las lámparas, pelusas que parecían los espinos que cruzaban los desiertos en los western, botellones caseros que acababan en incendio, prostitutas que se quedaban a cenar pizza...  el cotarro no ha debido  cambiar mucho, pero  supongo que con la crisis habrá aumentado la presión paternal sobre la laxitud académica y mermado el presupuesto de los pichulines para priba, telefonía móvil, fotocopias ilegales, porros y salchichas del Dia. 

Aun así es habitual toparse con auténticos batallones universitarios tomando cañas por la zona de Argüelles y Metropolitano, allí donde el aperitivo sea más aberrante. Me resisto a creer que, de los 18 a los 30 años con los que algunos acaban la carrera, se carezca de paladar, pero la evidencia es palmaria. Los bares con las tapas más grasientas, monstruosas, sucias y deformes triunfan entre este segmento de población que sólo piensa en comer y follar a lo grande por dos duros. Bares como la Cervecería Sierra, que despliega toda la gama de típicos aperitivos de freidora propios de tugurios que ofrecen ingentes cantidades de comida barata para justificar el incremento de la cerveza, es un ejemplo de como puede degenerar en zafio este bello deporte de alternar. La finalidad es, sin duda, aumentar el margen de beneficios (muy loable dado que no es una ONG), a costa de las malas digestiones ajenas. 

Ni siquiera hay opción de pedirse una caña y que te pongan unas olivas; por huevos te tienes que pedir una doble que ni siquiera llega al volumen de una lata, que cuesta 2,40€ y presenciar ese despliegue de fritos, masas, salsas y rebozados de saldo tan recurrentes cuando no se quiere cuidar a la clientela. La fórmula: "os pongo una caña más cara y así coméis como cerdos" nunca me ha convencido. Me parece tramposa y grosera. Siempre estaré con los bares que hacen de la carencia virtud y se esfuerzan por elaborar aperitivos sencillos y económicos con un toque de cariño y salero.  El único salero que tienen en la Cervecería Sierra está junto a la pimienta. 
 
A pesar de la rapidez y diligencia para poner cañas sirven a los parroquianos con un empaque severo, por momentos despectivo. Es verdad que tener el garito infectado de chavales puede llegar a embotar. Pues si es así, cambia la política del bar o dedícate a trabajos misántropos como ensobrar cartas desde casa o vender droga, pero no muerdas las manos que te dan de comer aunque los cerebros que controlan esas manos acepten cierto grado de menosprecio con tal de zamparse unas mini-burgers. A según que edades la dignidad se está echando la siesta.

Arnyfront78

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