C/ Galileo 41
Metro: San Bernardo (líneas 2 y 4)
Ser universitario de provincias en Madrid era
jodido en mi época: piso franco compartido con dos o tres energúmenos,
dilatar la carrera lo máximo posible, pedir a papá que metiera más pasta
en la cuenta porque la ciudad era muy cara, bragas
olvidadas en las lámparas, pelusas que parecían los espinos que cruzaban
los desiertos en los western, botellones caseros que acababan en incendio, prostitutas que se quedaban a cenar pizza...
el
cotarro no ha debido cambiar mucho, pero supongo que con la crisis
habrá aumentado la presión paternal sobre la laxitud académica y mermado
el presupuesto de los pichulines para priba, telefonía móvil,
fotocopias ilegales, porros y salchichas del Dia.
No hay botellín ni caña, sólo dobles de Amstel a 2,40€
Tapas: Patatas bravas con mahonesa, croquetas y empanadillas congeladas, alitas, mini-bugers, sandwiches, tortilla, canapés de embutido...
Especialidades: ninguna
Tiene terraza con los coches pegados. Si te aburres puede acariciar la matrícula mientras te tomas la cerveza.
Tapas: Patatas bravas con mahonesa, croquetas y empanadillas congeladas, alitas, mini-bugers, sandwiches, tortilla, canapés de embutido...
Especialidades: ninguna
Tiene terraza con los coches pegados. Si te aburres puede acariciar la matrícula mientras te tomas la cerveza.
Aun así es habitual toparse con auténticos batallones universitarios
tomando cañas por la zona de Argüelles y Metropolitano, allí donde el
aperitivo sea más aberrante. Me resisto a creer que, de los 18 a los 30
años con los que algunos acaban la carrera, se
carezca de paladar, pero la evidencia es palmaria. Los bares con las
tapas más grasientas, monstruosas, sucias y deformes triunfan entre este
segmento de población que sólo piensa en comer y follar a lo grande por
dos duros. Bares como la Cervecería Sierra,
que despliega toda la gama de típicos aperitivos de freidora propios de
tugurios que ofrecen ingentes cantidades de comida barata para
justificar el incremento de la cerveza, es un ejemplo de como puede
degenerar en zafio este bello deporte de alternar. La
finalidad es, sin duda, aumentar el margen de beneficios (muy loable
dado que no es una ONG), a costa de las malas digestiones ajenas.
Ni
siquiera hay opción de pedirse una caña y que te pongan unas olivas; por
huevos te tienes que pedir una doble que ni siquiera
llega al volumen de una lata, que cuesta 2,40€ y presenciar ese
despliegue de fritos, masas, salsas y rebozados de saldo tan recurrentes
cuando no se quiere cuidar a la clientela. La fórmula: "os pongo una
caña más cara y así coméis como cerdos" nunca me ha
convencido. Me parece tramposa y grosera. Siempre estaré con los bares
que hacen de la carencia virtud y se esfuerzan por elaborar aperitivos
sencillos y económicos con un toque de cariño y salero. El único salero
que tienen en la Cervecería Sierra está junto
a la pimienta.
A pesar de la rapidez y diligencia para poner cañas
sirven a los parroquianos con un empaque severo, por momentos
despectivo. Es verdad que tener el garito infectado de chavales puede
llegar a embotar. Pues si es así, cambia la política del
bar o dedícate a trabajos misántropos como ensobrar cartas desde casa o
vender droga, pero no muerdas las manos que te dan de comer aunque los
cerebros que controlan esas manos acepten cierto grado de menosprecio
con tal de zamparse unas mini-burgers. A según
que edades la dignidad se está echando la siesta.
Arnyfront78
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