Metro: Tribunal (líneas 1 y 10)
Cerveza: 1,50 (Budweiser)(sólo en barra), 2,50 el doble y 3€ el tercio
Tapa: nachos con una crema de atún o con crema de queso.
Especialidades:
hamburguesas (clasica, cheeseburger, mexicana, ibérica, cajún,
vegetariana, con todo...), sandwiches, baguettes, enrollados, nachos,
quesadillas...
En
la zona confinada por las calles Fuencarral, del Pez, la plaza de Juan
Pujol y Manuela Malasaña se está librando una guerra cruenta,
encarnizada, en la que se dispara a los rehenes (los consumidores) al
gaznate, en la que se sangra ketchup. Un número a todas luces
disparatado de locales que, en su día, fueron pescaderías, pajarerías o
tahonas han sido alquilados por pequeños empresarios para destinarlos al
sobreexplotado sector de la hostelería.
Esto conduce al consiguiente
absurdo que supone la existencia de manzanas de edificios con 40 locales
de pizza, sushi o tartas como las que hacía la yaya haciéndose la
competencia unos a otros. Es verdad que desde el medioevo el comercio ha
venido ubicándose de forma gremial. Estaban el Arco de Cuchilleros, la
calle de Bordadores, la Ribera de Curtidores y, por supuesto, Vinateros
en Moratalaz. Así que, si querías comprar un orinal sabías que debías
buscarlo en la calle de Latoneros. Pero el excedente de bares y
restaurantes en Madrid (alguien debería hacer un recuento riguroso para
esclarecer cuántos ciudadanos hay por bar o, incluso, cuántos bares hay
por ciudadano) parece que tiene más que ver con la idiosincrasia
descabellada de un país reducido a ser el puticlub de Europa que con la
organización cabal del sector servicios.
Así, calles como Espíritu
Santo, La Palma, San Andrés y la Corredera Alta de San Pablo evocan ese
capítulo de Los Simpson en el que todas las tiendas de un centro
comercial son Starbucks. La consecuencia... darwinismo puro y duro entre
buscadores de oro en los cauces secos de una "Sierra Madre" madrileña
en la que nadie parece prever que, como al final de la película, el
viento devolverá los sueños dorados a la montaña. En concreto, hay una
escalada bélica a base de bunkers de pan de espelta, bratwurst
antiaéreos, napalm de guacamole y blindados de carne de kobe torturado
con audiciones de las danzas polovtsianas del príncipe Igor; siempre a
la búsqueda de hamburguesas, sandwiches y perritos perfectos.
Como no
somos ajenos a las tendencias (aunque sólo sea para evidenciar lo
ridículas que son), nos adentramos en la calle San Joaquín donde
localizamos del orden de cinco a seis locales especializados en la
newave de la fastfood (la llamada finefood), aquella que pretende
reinventar, dignificar o resetear lo que entendemos por "comida rápida":
mierda que está rica. Por supuesto que las míticas hamburguesas del bar
Lozano (a 100 ptas en 1995), que podréis encontrar casi llegando a la
plaza de San Ildefonso, quedan fuera de la gincana. El resto son, bien
sucursales de franquicias maquilladas (Steakburger bar), cursiladas con
velas para comer el sandwich leyendo a Paul Auster, el Senf que siempre
está cerrado, el Burger Lab, el Naif y una grow shop que debería hacer
hamburguesas también... a las finas hierbas.
Estuvimos recientemente en
el Naif tan atraídos por las críticas lisonjeras como por las adversas.
Antes de entrar advierto que la terraza se emplaza sobre sustratos de
potas metageneracionales. Porque, aunque parezca mentira, el vídrio, el
vinagre, las mezclas más abstrusas en litros de coca-cola recortados y
Johnny Barden de los Last Resort berreando en un loro medio escacharrao
rejuvenecían a un barrio sucio y espontáneo que ahora sigue con la misma
roña pero que ha devenido en previsible, pedorro y aburrido.
Sólo con
pasar el sobrio dintel de entrada uno percibe que todo ese esfuerzo que
los responsables del Naif o de cualquier otro garito de la zona hacen
para identificarse y distinguirse de los demás les ha llevado a lugares
comunes, a remedar patrones de corrección estética que sólo conducen al
empacho: amplitud desaprovechada y estéril, asepsia industrial en la
puesta en escena, platos correctos pero no extraordinarios, váteres
acicalados para parecer trasgresores pero que no van más allá de ser el
excusado de Hello Kitty y, por supuesto, una clientela, de la treintena
en adelante (la que tiene panoja), egoista, frívola y conservadora.
La
chavalería que antaño atestaba las calles, plazas, portales y garitos no
tiene cabida en la Malasaña actual. A la juventud, sin curro y
chantajeada por la condescendencia pecuniaria paterna, sólo le queda
mandarse whatsapps, fumar macas en los bancos, comer hamburguesas de un
pavo y follar en los arbustos. Y lo peor es que parte de esa clientela
que vaga de restaurante en restaurante buscando hamburguesas que hagan
juego con su ropa de diseño es a menudo quisquillosa a la hora de exigir
un servicio inmaculado sin tener en cuenta el trabajo ajeno. Digan lo
que digan las críticas, en el Naif se come bien. Las hamburguesas están
ricas, jugosas y tienen un tamaño muy aceptable para lo que cuestan.

Que la carne es mejorable... por supuesto. Que se podían
tirar el rollo y hacer unas papas fritas de acompañamiento en lugar de
los snacks que ponen... pues también es verdad. Que los hipsters que
piden mesa deberían saber la diferencia entre ir a la moda y parecer
insectos... no cabe duda. Pero al margen de opiniones sesgadas,
exigencias palaciegas y pajas mentales de zampabollos que gracias a los
blogs se creen gourmets, salí del Naif con la grata e inusual sensación
de que no me habían robado y de que la hamburguesa perfecta es
cualquiera que comparta con mi chica.
PD: Domingo 13 de abril del 2014... 16 hrs y pico... la gente apura sus postres. Mi chica (embarazada) y yo nos dirigimos al camarero, el mod de palo, para que nos dé mesa. Nos dice que las únicas mesas que puede darnos son dos banquetas para comer en la barra y un rincón donde estuvo preso Ortega Lara. Miro alrededor y hay cuatro o cinco mesas amplias desocupadas que pretenden dar a grupos de cuatro. Evidentemente nos fuimos pero le tenía que haber preguntado si podíamos comer en el retrete.
"El que siembra con mezquindad, cosechará mezquindad; el que siembra en abundancia, cosechará también en abundancia".
(Pablo de Tarso)
PD: Domingo 13 de abril del 2014... 16 hrs y pico... la gente apura sus postres. Mi chica (embarazada) y yo nos dirigimos al camarero, el mod de palo, para que nos dé mesa. Nos dice que las únicas mesas que puede darnos son dos banquetas para comer en la barra y un rincón donde estuvo preso Ortega Lara. Miro alrededor y hay cuatro o cinco mesas amplias desocupadas que pretenden dar a grupos de cuatro. Evidentemente nos fuimos pero le tenía que haber preguntado si podíamos comer en el retrete.
"El que siembra con mezquindad, cosechará mezquindad; el que siembra en abundancia, cosechará también en abundancia".
(Pablo de Tarso)
Arnyfront78
Estoy descojonao vivo leyendo tu blog y disfrutando como un gorrino de tu análisis sociológico de Malasaña. Mil gracias por la pechá a reir, mozo.
ResponderEliminarMuchas gracias, socio. Esa nuestra intención... partirnos la caja un rato. Este blog no se puede tomar en serio. Un abrazo tabernario.
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