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sábado, 23 de agosto de 2014

Los Torreznos

C/ Goya, 88
Metro: Goya (Líneas 2 y 4)
Botellín: 1,30€ (Mahou)
Grifo de Mahou.
Tapas: papas con pomada, papas con butifarra y pimientos del padrón, mejillones a la vinagreta, papas con chorizo frito...
Especialidades: torreznos, bacalao rebozado, chorizo a la olla, tortilla de jamón o chorizo, morcilla, sardinas ahumadas, bonito en escabeche...



Cuando entro en bares que se laman: La meca de las bravas, El rey de las pijotas, Criadilla´s king o, como éste, Los torreznos, dando a entender que son auténticos maestros en elaborar el manjar que enuncian, me pido un café solo. Las obviedades no suelen serlas y mi escepticismo congénito rechaza los anuncios, autobombos y loas impúdicas de quienes utilizan su nombre como zafio reclamo... "dime de qué presumes y te diré de qué careces". Pero, evidentemente, me equivoco, así que no me hagáis ni puto caso. 
El bar-restaurante Los Torreznos (más bar que restaurante), fundado en 1956 por la familia Blázquez, tiene tres locales en la capital (Goya, Alonso Cano y López de Hoyos) supuestamente especializados en esta delicatessen castellana tan rica, sana y dietética. Y digo "supuestamente", no porque no estén cojonudos, sino porque, in stricto sensu, no son torreznos sino más bien, palomitas de cerdo frito. No hace falta haber nacido en Ávila, estado pontífice del Torrezno (por mucho que digan charros y manchegos), para percatarse de que el torrezno canónico requiere ser introducido en una orza con aceite y manteca para que coja esa textura dura de la corteza y arcillosa del tocino con su carne entreverada. Aquí te plantan tiras churruscadas de gorrino, sajadas del costillar que, evidentemente, son más magras que grasas. ¿Dónde se ha visto un torrezno con astillas óseas?...  

Pero eso da igual, sean o no torreznos de recetario están de puta madre. Eso sí, cuidado con la trampa: la ración (más bien tapita) cuesta 2€ + 0,20€ (del pan) POR PERSONA. Tú dirás... "de puta madre... ¡señor camarero, ponga esos torreznos con fama allende los mares!". En el caso de que estés solo, la jugada te sale redonda ya que, por dicho precio, no tienes que compartirlos. Pero, si vais en grupo, tened en cuenta que el número de  torreznos no aumenta proporcionalmente al incremento de comensales, por lo que se da la paradoja de que el plato para cuatro (8,80€) es bastante similar al de para dos (4,40€). Así que pide siempre una ración inferior a los que sois; es decir, si sois 130 personas pide torreznos para unos 70. De lo contrario, harás el canelo. Es indignante que cueste lo mismo irse de torreznos que de putas. Por lo demás... claroscuros que hacen atractivo o detestable el sitio en función del nivel de exigencia, tolerancia o estúpidez del consumidor. El ambiente es espeso, el servicio ágil, los aperitivos grasos, las raciones ramplonas, el menú del día está bien valorado, tiene terraza en la asmática calle Goya y dentro, junto a la barra, el aire rezuma un picante perfume de refinería libia. 

Sin duda alguna es parada obligatoria o lugar de quedada para quienes van al Palacio de los deportes. Así que, si vas a ver un partido de basket, un concierto de Sonia & Selena o a comprar utensilios en la Exposex de turno, Los Torreznos es todo un referente para precalentar o para dar el resto después del evento. Por si os interesa, tened en cuenta que el próximo 17 de septiembre  (hasta el 21 de septiembre) se va a celebrar en el Palacio de los deportes la primera edición del Madrid Oktoberfest. La entrada es gratuita y parece ser que van a fluir litros y litros de cerveza alemana para pasar las salchichas, el chucrut y los codillos de mamut que la gente va a engullir durante ese fin de semana. La ambientación musical creo que corre a cargo de la orquesta bávara de las nuevas generaciones del PP. Todo sea por hacer la pelota al IV Reich de Ángela.

Arnyfront78

viernes, 8 de agosto de 2014

El Baco

C/ Gustavo Fernández Balbuena, 17
Metro: Alfonso XIII (línea 4)
Botellín (Amstel): 1,25€
Caña (Alhambra): 1,20€
Tapas: Croquetas yempanadillas congeladas, papas bravas, paella...
Especialidades: Papas al ajillo,papas bravas, tortilla de patata, oreja, callos, boquerones en vinagre, calamares, chopitos, mejillones...


Una ubicación estratégica parece relevante a la hora de poner un negocio. Si no, que se lo pregunten al propietario de la farmacia que está pegada al ambulatorio, al dueño del puesto de chuches que espera las acometidas de los párvulos que salen del colegio o a las obreras del amor del "club" Stark, al ladito de Mercamadrid. En esa línea andan los bares y cafeterías que están junto a centros sanitarios, organismos oficiales y edificios administrativos, en los que se requiere la paciencia de un enhebrador de hímenes para realizar cualquier gestión. La desesperación de tener el número 867 cuando van a atender al 32 te conduce directamente a la barra del primer bar cercano para tratar de templar nervios y mala hostia con una taza de café con Soberano. 

En esa tesitura se encuentra El Baco, primer bar tras pasar el arco detector de metales del Registro civil de la calle Pradillo. Nuestra visita a este barracón con inusitada raigambre es, por tanto, mera consecuencia de una tortuosa mañana burocrática. Para que os hagáis una idea, quienes nunca halláis tenido la suerte de pasar una o varias mañanas tramitando lo intramitable en el Registro Civil, deciros que se aproxima bastante a "la casa que enloquece" de "Las doce pruebas de Asterix." Esa surrealista búsqueda de la mítica forma A-38, lucida sátira de los perversos mecanismos (la burocracia) que el estado interpone entre él y los ciudadanos para hacer a éstos ininteligible el ejercicio de la gestión pública, la viven cada mañana todos aquellos que acuden allí para casarse, dar de baja a sus difuntos, cambiar de sexo o cambiar su actual nombre por el de "Stalin de todos los santos". 

Pero, sin negar su analogía con un frenopático, una comparación más ajustada sería la de aquellas ventanillas siniestras y desangeladas que veíamos en las películas yankees de los ochenta en las que una cola de losers esperaba con resignación mendicante que una funcionaria gorda les tramitase la prestación social que la gracia del estado dispensa. Parece que la corriente neoliberal que, durante el mandato de  Reagan redujo la dotación económica de la administración norteamericana para intentar reducirla a un kiosko de pipas, se impone poco a poco en España. Así, donde antes trabajaban diez funcionarios , de los cuales seis estaban desayunando, sólo han quedado dos que se turnan para escaquearse. Y, sin embargo, el alud de trámites, polizas y formularios a rellenar no ha menguado. ¿Qué se persigue con todo esto?... el evidente colapso del sistema para disuadir a los ciudadanos de que ejerciten sus derechos civiles en los términos que contempla la ley. 
Nosotros fuimos a inscribir a nuestro pequeño recien nacido. Parece ser que hay trámites peores y, aun así, el espectáculo es dantesco. No hay cita previa; hay cola desde la madrugada para obtener número (hay un máximo de números por día y si te has quedado sin él tienes que volver otra vez); la sala de espera tiene 20 asientos para unas 200 personas  y está empapelada con circulares sobre los requisitos exigidos para proceder al registro en español y mandarín, con pasquines de CC.OO. contra los recortes y con el anuncio de un Seat Córdoba del 2004 con tan sólo 77.000 km. por 3.600€; los progénitores acuden recien salidos del hospital dado que registrar al neonato es requisito indispensable para realizar los trámites posteriores; las parturientas doloridas acechan en busca de silla, con los puntos encarnados, sacándose leche con ordeñadoras, perfumadas con meconio... algún bedel calienta biberones... los prosegur no dan a basto para vigilar que nadie se cuele y que no roben bolsos... En fin, se dice que el nuevo proyecto de ley, por el cual la documentación que acredita los nacimientos podrá ser remitida al registro civil desde el propio hospital, ayudará a aliviar la congestión burocrática de la sección primera de tan ilustre institución. Pero visto lo visto, alguien debería proponer que los partos se realicen directamente en Pradillo ante los secretarios judiciales. Así podrían dar fe al mismo tiempo de la filiación y de la episiotomía. 

En deifinitiva, mucho tiempo esperando que aprovechamos para ir a desayunar.  El Baco es un bar ignoto que, no obstante, guarda cierto encanto gracias a lo desfasado que está. No sé si esa inadaptación al presente es fruto de una deriva errática o de una intencionalidad reaccionaria... lo mismo da... el resultado no puede ser más estimulante... pinchos de tortilla sobre hules estampados, cafés con madalenas, prensa deportiva, láminas compradas al peso en el Rastro, posters de la selección española, ofertas de copazos de Terry y Magno y un sabio aviso a navegantes: "Si quieres vivir en paz deja a tu mujer mandar". En todos y cada uno de los rincones del bar queda clara la impronta añeja del barman... un tipo lacónico, resuelto en sus acciones, de mirada esquiva y voz templada... con edad como para jubilarse por segunda vez.  


Sobre la barra...decenas, cientos, miles de platillos con café y azucar que aguardan cada mañana el goteo incesante de registrantes a la espera de ser registrados y de registrados agotados de ser registrantes. Poco más que decir... un pincho de tortilla decente, precios asequibles y una alternativa para hacer tiempo pribando hasta que llegue tu  turno. Si no es así, ten paciencia y llévate "Los pilares de la tierra" y un tubo de hemoal.

Arnyfront78

sábado, 26 de julio de 2014

Gayagum

C/ Bordadores, 7
Metro: Ópera (Líneas 2, 5 y ramal)
Especialidades: bulgogi, dumplings (empanadillas coreanas), pollo al teriyaki, arroz con carne y verduras, sopa de pollo con ginseng, cazuela de kimchi con carne y salchichas, arroz frito con pollo y langosta, tempura...




Ha nacido un estilo: el astureano, es decir, la mezcla ebria de asturianismo salvaje y comida coreana posnuclear. Todo empezó con el cierre de "La Quintana", un mesón cuya infraestructura se parece más a los típicos salones de bodas del corredor del Henares que a los chiges de Avilés. 
 
Pero he aquí que los responsables del Tulipán-Gayagum, situado en el barrio de La Concepción, deciden dejar la periferia para instalarse en el eje Opera - Sol - Callao, en donde la crisis, los ruinosos alquileres y el exceso de oferta hostelera engullen más bares que el triangulo de las Bermudas barcos. ¿Y creéis que hacen reforma para cambiar esa decoración Astur y adaptar el local a un dojang coreano? (aunque sólo sea para hacer taekwondo)... ni hablar. Dejan intacta la barra de sidrería, los salones revestidos de madera, los marcos con escudos de municipios del Principado e incluso la imagen de la santina bendiciendo el ruedo y se ponen a servir bulgogi y pollo teriyaki sobre una vajilla con la cruz de Don Pelayo... ¡con dos cojones! 


Pero eso no es todo. También sirven raciones tipical spanish (jamón, queso, lomo, etc...); así que el desconcierto es absoluto. Podríamos concluir, por tanto, que el estilo del Gayagum no pretende fusionar dos gastronomías diferenciadas para obtener platos que sean mezcla de ambas (rollo cocina chifa); sino más bien proponer un disparatado gazpacho de platos disonantes fruto de la ilimitada imaginación asiática. Así puedes llenar la mesa con platos coreanos y españoles  que, en principio, no tienen relación alguna (siempre estás a tiempo de echar chorizo a la sopa de tofu blando). 

Nosotros fuimos a comer un día entre semana a eso de las 15:30. De la tele manaba la energía inagotable de Jordi Hurtado. Tras la barra, un mullido recogido de madame Butterfly dormitaba una siesta narcótica. El recibimiento (la zona de bar) aun olía a humedad y bollo preñao. Súbitamente nos recibió la hermana secreta de Imelda Marcos, algo extrañada de recibir clientes a pesar de ser un restaurante. Pero como en todos los establecimientos asiáticos, la actividad permanece latente en espera de reanudarse en cualquier momento. Así que nos dieron mesa. La cocina no estaba cerrada; más bien no había abierto. 


De sus profundidades salía una voz gutural, como la del general Tani, que recibía con desgana la comanda de nuestra mesa. Pedimos menú del día para economizar y concretar. Bucear en la extensa e insondable carta habría supuesto un esfuerzo inútil. No había pasado un minuto cuando Imelda Marcos bis nos trajo de aperitivo una fuente con kimchi (col fermentada), brotes varios, champiñones fríos, cacahues hervidos y unos pescados minúsculos  a medio camino entre espermatozoides y chanquetes. Nada resultaba excepcional, pero fue todo un detalle. 


Acto seguido y en aluvión llegaron todos los platos que pedimos: empanadillas coreanas, fideos de batata salteados con verduras y carne, bulgogi (ternera con salsa de soja y verduras) y una especie de arroz con un huevo frito encima. Yo comí bien, quedé saciado y con la cara bermellona. Me abstengo de juzgar si la cocina merece una beca o recuperar en septiembre. Lo cierto es que bajé al váter, me agarré a las paredes en cuclillas y liberé la fiera que arrebataba mis intestinos. Yo creo que fue la sopa que acompañaba al arroz. Estaba rica pero era demasiado intensa.


Parecía un caldito de norcoreano ajusticiado por Kim Jong-Un. Pidiendo a la carta sale entre 25 y 30€ por persona y se recomienda llevar encima la tarjeta sanitaria.
La verdad, el sitio, como poco, es sorprendente. Y eso ya es mucho.
No apto para inquisidores gastronómicos ni para cólones irritables.

Arnyfront78

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Madrid, Madrid
Vuelve la afamada fórmula de alcohoy y literatura como guía chusca del Madrid contemporáneo