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miércoles, 3 de septiembre de 2014

Cervecería Noviciado

C/ San Bernardo, 51
Metro: Noviciado (línea 2)
Botellín: 1,10€ (Amstel)
Caña:1,10 (Amstel)

Tapas: papas fritas, patatas ali-oli, aceitunas...
Especialidades: tortillas (española, con sobrasada, con jamón y queso, con salchichas, queso y mostaza, de philadelphia y anchoa), papas bravas, hamburguesa, perrito, oreja a la plancha, platos combinados...



Escena 1:

Pantalla en negro y letras en blanco... "Los bares tradicionales españoles desaparecen del centro de Madrid. Sus dueños se preguntan por qué."
Escena 2:
Fachada del Bar Noviciado, impertérrito junto a la lúgubre estación de metro de San Bernardo. De su vetusto rótulo amarillo no falta ni una letra; ni siquiera las que advierten que tiempo ha Schweppess era una marca capaz de competir por el trono del reino del refresco.  
Un chico aliñado de vagabundo habla por el móvil. Bajo el quicio, encogida por el frio, la florista cuida su negocio ninguneada por el indifierente trasiego de peatones... nadie quiere flores en invierno, por lo menos en Madrid.   

Escena 3:
Inserto de un cartel rotulado a mano: bocadillos a precios asequibles, incluso ofensivos para quienes asocian de forma inexorable la calidad con el dispendio. A través del cristal se divisa la vida de un bar silenciada por el rugir de coches, motos y voces inconexas. El perfil de un hombre consume un botellín mientras un segurata apura esos preciosos minutos de escaqueo del curro. 

Escena 4: 
Plano bajo que muestra la barra y a un hombre apoyado en ella. Ya no hay ruido... circula ese rumor incómodo que tiene un bar cuando está vacío. Una voz en off, una voz resignada, explica: "Ésto lo cogió mi abuelo en el 47; luego lo llevó mi padre y yo a partir del 2000. Desde los 18 años... desde los 18 años trabajo aquí."
Escena 5: 
Un anciano encorvado oculta su comida. Cambia el plano y aparece masticando una de esas personas que suele producir hilaridad entre los que son lo suficientemente cretinos para no diferenciar quienes son risibles como ellos y quienes merecen un profundo respeto por el mero hecho de vivir sin poner ni esquivar trampas.  

 Podría haber sido arcabucero en la Batalla de Pavía o místico ortodoxo en la corte zarista. También es posible que tan sólo sea un mendigo masticando su ojo izquierdo en un montadito... cansado de ver lo que nadie ve. Mirada fija desafiante y enajenada... y fundido en negro.

Escena 6:
Vuelve la luz y con ella la silueta de una caña a medio acabar... símbolo y metáfora de este necesario cortometraje documental llamado "La muerte del bar español y la invasión del plato cuadrado" realizado por Ivar Muñoz Rojas y David Álvarez. 


El citado testimonio del exdueño del Bar Noviciado, Luis Ángel García, junto al de los colegas de profesión y hermandad (los responsables del El Palentino, el Lozano y Das Meigas) expone la situación agonizante de las tascas, tabernas y bodegas que durante décadas alimentaron y emborracharon a sucesivas generaciones de madrileños. No hay ni habrá agradecimientos por los servicios prestados, ellos lo saben. Unos sobrevivirán (seguramente sólo El Palentino) y otros (la mayoría) traspasarán el local a nuevos inquilinos que, rebosantes de un entusiasmo algo ingenuo, reformarán esas paredes cargadas de pequeñas y grandes gestas para hacer ambigús con tostas, biblioespás o franquicias de cubos con botellines y acné.
Si consiguen el éxito o van al sumidero  es indiferente para la administración pública. Sobrevolando estará el ministro Montoro para aprovechar los despojos de cadáveres que otrora fueron algo más que sociedades... puntos de encuentro para muchos, inagotables fuentes de energía para todos.
Luis y Mariano dejaron el bar, pero quienes asumieron el legado se han comprometido con ese impulso tan ingrato como satisfactorio que hace del Bar Noviciado un ejemplo de consencuencia y pureza. Ese legado consiste en servir cañas, cafés, bocadillos, croissants y raciones a precios justos y ecuánimes; a no seguir la progresiva política de vender platos mediocres a precios disparatados. Es una mera cuestión de honestidad, de preferir morir preso del mordisco caníbal de una ciudadanía fascinada por la estela de una modernidad que siempre amanece obsoleta, antes que ceder a cambios torpes e igualmente suicidas que no evitarían la muerte del bar español tal y como lo conocemos... (o como lo conocimos). En sus escasos 7 minutos de metraje no hay resquicio para la esperanza, quizá porque no la hay. Sólo es cuestión de tiempo... ellos lo saben.  

Yo quiero ser menos pesimista y algo más cínico. Al final sólo quedarán franquicias horteras, bares modernos, blancos, elegantes, estériles... o saloncitos abigarrados, recalentados, cargados de antigüedades que antes sólo recogían los vagabundos que escarban en los contenedores y que ahora se venden como tesoros de almoneda. Y aburridos nos daremos cuenta de que no hay nada más moderno que lo que no lo es. Puede que para entonces sea demasiado tarde y ya no queden siquiera los cimientos de todos esos bares en los que desayunamos, almorzamos y cenamos junto a aquellos que ahora visten arrugas o que ya sólo están en fotos. El plato cuadrado es la metáfora de la insignificancia, de un presente que caricaturiza al pasado, del desprecio a la memoría, de la fascinación por una vida liofilizada.  

Escurriéndome la chorra en la letrina del Bar Noviciado, me fijo en esas paredes churretosas que permanecen impasibles ante los malos augurios. ¿Cuántas pollas han descargado aquí desde 1947?...
Hace ya unos años, en el fragor de una de esas conversaciones con colegas que justifican seguir vivo, uno de ellos me confesó que su sueño era hacerse un fular con los pelos del culo de Shania Twain. 
Aspiraciones tan líricas y hermosas como esa sólo se forjan en barras así, en barras con platos redondos.

Arnyfront78 


La muerte del bar español y la invasión del plato cuadrado:
https://www.youtube.com/watch?v=6syFNP5pUHE

 

sábado, 23 de agosto de 2014

Los Torreznos

C/ Goya, 88
Metro: Goya (Líneas 2 y 4)
Botellín: 1,30€ (Mahou)
Grifo de Mahou.
Tapas: papas con pomada, papas con butifarra y pimientos del padrón, mejillones a la vinagreta, papas con chorizo frito...
Especialidades: torreznos, bacalao rebozado, chorizo a la olla, tortilla de jamón o chorizo, morcilla, sardinas ahumadas, bonito en escabeche...



Cuando entro en bares que se laman: La meca de las bravas, El rey de las pijotas, Criadilla´s king o, como éste, Los torreznos, dando a entender que son auténticos maestros en elaborar el manjar que enuncian, me pido un café solo. Las obviedades no suelen serlas y mi escepticismo congénito rechaza los anuncios, autobombos y loas impúdicas de quienes utilizan su nombre como zafio reclamo... "dime de qué presumes y te diré de qué careces". Pero, evidentemente, me equivoco, así que no me hagáis ni puto caso. 
El bar-restaurante Los Torreznos (más bar que restaurante), fundado en 1956 por la familia Blázquez, tiene tres locales en la capital (Goya, Alonso Cano y López de Hoyos) supuestamente especializados en esta delicatessen castellana tan rica, sana y dietética. Y digo "supuestamente", no porque no estén cojonudos, sino porque, in stricto sensu, no son torreznos sino más bien, palomitas de cerdo frito. No hace falta haber nacido en Ávila, estado pontífice del Torrezno (por mucho que digan charros y manchegos), para percatarse de que el torrezno canónico requiere ser introducido en una orza con aceite y manteca para que coja esa textura dura de la corteza y arcillosa del tocino con su carne entreverada. Aquí te plantan tiras churruscadas de gorrino, sajadas del costillar que, evidentemente, son más magras que grasas. ¿Dónde se ha visto un torrezno con astillas óseas?...  

Pero eso da igual, sean o no torreznos de recetario están de puta madre. Eso sí, cuidado con la trampa: la ración (más bien tapita) cuesta 2€ + 0,20€ (del pan) POR PERSONA. Tú dirás... "de puta madre... ¡señor camarero, ponga esos torreznos con fama allende los mares!". En el caso de que estés solo, la jugada te sale redonda ya que, por dicho precio, no tienes que compartirlos. Pero, si vais en grupo, tened en cuenta que el número de  torreznos no aumenta proporcionalmente al incremento de comensales, por lo que se da la paradoja de que el plato para cuatro (8,80€) es bastante similar al de para dos (4,40€). Así que pide siempre una ración inferior a los que sois; es decir, si sois 130 personas pide torreznos para unos 70. De lo contrario, harás el canelo. Es indignante que cueste lo mismo irse de torreznos que de putas. Por lo demás... claroscuros que hacen atractivo o detestable el sitio en función del nivel de exigencia, tolerancia o estúpidez del consumidor. El ambiente es espeso, el servicio ágil, los aperitivos grasos, las raciones ramplonas, el menú del día está bien valorado, tiene terraza en la asmática calle Goya y dentro, junto a la barra, el aire rezuma un picante perfume de refinería libia. 

Sin duda alguna es parada obligatoria o lugar de quedada para quienes van al Palacio de los deportes. Así que, si vas a ver un partido de basket, un concierto de Sonia & Selena o a comprar utensilios en la Exposex de turno, Los Torreznos es todo un referente para precalentar o para dar el resto después del evento. Por si os interesa, tened en cuenta que el próximo 17 de septiembre  (hasta el 21 de septiembre) se va a celebrar en el Palacio de los deportes la primera edición del Madrid Oktoberfest. La entrada es gratuita y parece ser que van a fluir litros y litros de cerveza alemana para pasar las salchichas, el chucrut y los codillos de mamut que la gente va a engullir durante ese fin de semana. La ambientación musical creo que corre a cargo de la orquesta bávara de las nuevas generaciones del PP. Todo sea por hacer la pelota al IV Reich de Ángela.

Arnyfront78

viernes, 8 de agosto de 2014

El Baco

C/ Gustavo Fernández Balbuena, 17
Metro: Alfonso XIII (línea 4)
Botellín (Amstel): 1,25€
Caña (Alhambra): 1,20€
Tapas: Croquetas yempanadillas congeladas, papas bravas, paella...
Especialidades: Papas al ajillo,papas bravas, tortilla de patata, oreja, callos, boquerones en vinagre, calamares, chopitos, mejillones...


Una ubicación estratégica parece relevante a la hora de poner un negocio. Si no, que se lo pregunten al propietario de la farmacia que está pegada al ambulatorio, al dueño del puesto de chuches que espera las acometidas de los párvulos que salen del colegio o a las obreras del amor del "club" Stark, al ladito de Mercamadrid. En esa línea andan los bares y cafeterías que están junto a centros sanitarios, organismos oficiales y edificios administrativos, en los que se requiere la paciencia de un enhebrador de hímenes para realizar cualquier gestión. La desesperación de tener el número 867 cuando van a atender al 32 te conduce directamente a la barra del primer bar cercano para tratar de templar nervios y mala hostia con una taza de café con Soberano. 

En esa tesitura se encuentra El Baco, primer bar tras pasar el arco detector de metales del Registro civil de la calle Pradillo. Nuestra visita a este barracón con inusitada raigambre es, por tanto, mera consecuencia de una tortuosa mañana burocrática. Para que os hagáis una idea, quienes nunca halláis tenido la suerte de pasar una o varias mañanas tramitando lo intramitable en el Registro Civil, deciros que se aproxima bastante a "la casa que enloquece" de "Las doce pruebas de Asterix." Esa surrealista búsqueda de la mítica forma A-38, lucida sátira de los perversos mecanismos (la burocracia) que el estado interpone entre él y los ciudadanos para hacer a éstos ininteligible el ejercicio de la gestión pública, la viven cada mañana todos aquellos que acuden allí para casarse, dar de baja a sus difuntos, cambiar de sexo o cambiar su actual nombre por el de "Stalin de todos los santos". 

Pero, sin negar su analogía con un frenopático, una comparación más ajustada sería la de aquellas ventanillas siniestras y desangeladas que veíamos en las películas yankees de los ochenta en las que una cola de losers esperaba con resignación mendicante que una funcionaria gorda les tramitase la prestación social que la gracia del estado dispensa. Parece que la corriente neoliberal que, durante el mandato de  Reagan redujo la dotación económica de la administración norteamericana para intentar reducirla a un kiosko de pipas, se impone poco a poco en España. Así, donde antes trabajaban diez funcionarios , de los cuales seis estaban desayunando, sólo han quedado dos que se turnan para escaquearse. Y, sin embargo, el alud de trámites, polizas y formularios a rellenar no ha menguado. ¿Qué se persigue con todo esto?... el evidente colapso del sistema para disuadir a los ciudadanos de que ejerciten sus derechos civiles en los términos que contempla la ley. 
Nosotros fuimos a inscribir a nuestro pequeño recien nacido. Parece ser que hay trámites peores y, aun así, el espectáculo es dantesco. No hay cita previa; hay cola desde la madrugada para obtener número (hay un máximo de números por día y si te has quedado sin él tienes que volver otra vez); la sala de espera tiene 20 asientos para unas 200 personas  y está empapelada con circulares sobre los requisitos exigidos para proceder al registro en español y mandarín, con pasquines de CC.OO. contra los recortes y con el anuncio de un Seat Córdoba del 2004 con tan sólo 77.000 km. por 3.600€; los progénitores acuden recien salidos del hospital dado que registrar al neonato es requisito indispensable para realizar los trámites posteriores; las parturientas doloridas acechan en busca de silla, con los puntos encarnados, sacándose leche con ordeñadoras, perfumadas con meconio... algún bedel calienta biberones... los prosegur no dan a basto para vigilar que nadie se cuele y que no roben bolsos... En fin, se dice que el nuevo proyecto de ley, por el cual la documentación que acredita los nacimientos podrá ser remitida al registro civil desde el propio hospital, ayudará a aliviar la congestión burocrática de la sección primera de tan ilustre institución. Pero visto lo visto, alguien debería proponer que los partos se realicen directamente en Pradillo ante los secretarios judiciales. Así podrían dar fe al mismo tiempo de la filiación y de la episiotomía. 

En deifinitiva, mucho tiempo esperando que aprovechamos para ir a desayunar.  El Baco es un bar ignoto que, no obstante, guarda cierto encanto gracias a lo desfasado que está. No sé si esa inadaptación al presente es fruto de una deriva errática o de una intencionalidad reaccionaria... lo mismo da... el resultado no puede ser más estimulante... pinchos de tortilla sobre hules estampados, cafés con madalenas, prensa deportiva, láminas compradas al peso en el Rastro, posters de la selección española, ofertas de copazos de Terry y Magno y un sabio aviso a navegantes: "Si quieres vivir en paz deja a tu mujer mandar". En todos y cada uno de los rincones del bar queda clara la impronta añeja del barman... un tipo lacónico, resuelto en sus acciones, de mirada esquiva y voz templada... con edad como para jubilarse por segunda vez.  


Sobre la barra...decenas, cientos, miles de platillos con café y azucar que aguardan cada mañana el goteo incesante de registrantes a la espera de ser registrados y de registrados agotados de ser registrantes. Poco más que decir... un pincho de tortilla decente, precios asequibles y una alternativa para hacer tiempo pribando hasta que llegue tu  turno. Si no es así, ten paciencia y llévate "Los pilares de la tierra" y un tubo de hemoal.

Arnyfront78

Datos personales

Madrid, Madrid
Vuelve la afamada fórmula de alcohoy y literatura como guía chusca del Madrid contemporáneo